Brian Eno

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BRIAN ENO (Gran Bretaña, 15 de mayo de 1948) es aquel tipo especialmente estrambótico que llenaba de extraños sonidos sintéticos los  dos primeros álbumes de Roxy Music. Posteriormente ha grabado 36 discos más. También fue uno de los introductores del “ambient” como término de uso corriente y no peyorativo en la música. Además ha producido a grandes grupos y artistas (David Bowie, Devo, Talking Heads, U2, Robert Fripp…), ha dado infinidad de conferencias y, en fin, prácticamente todo el mundo ha escuchado al menos unos segundos de su obra al encender el ordenador: suyo era el “Microsoft Sound” de Windows 95 y 98.

En 1996 fundó la “Long Now Foundation”, con el fin de enseñar a la gente a pensar sobre el futuro de la sociedad a muy largo plazo. Es columnista en el periódico inglés The Observer.

Pero Brian Eno es también un artista visual. Y no desde hace unos días, sino desde que se graduó (en 1969) en la Art School de Winchester y, más activamente, exponiendo en los más variados museos, centros y eventos desde hace unos 25 años. Teniendo en cuenta ambos aspectos, resulta fascinante comprobar como sus obras visual y sonora han ido convergiendo de una forma lógica y explotando al límite las posibilidades de la tecnología disponible y aplicable en cada momento.

¿Hacia donde se dirigían ambas líneas de trabajo? Digámoslo de forma sucinta: hacia lo “autogenerativo”. Es decir, hacia un proceso en el cual, dadas unas fuentes visuales o sonoras elegidas por el artista, la composición se realiza por si misma al aplicar unos determinados parámetros (analógicos o digitales) que, una vez iniciados, progresan por si mismos e independientes de cualquier intervención externa (=humana).

De manera muy esquemática podría decirse que en lo formal las fuentes de Eno parten de Eric Satie y su “Musique d’ameublement”, y en lo conceptual, de la idea del azar indiferente de Duchamp (Eno “inyectó” una muestra de su orina en la Fountain expuesta en el MOMA de Nueva York) ó John Cage vía Lamonte Young ó Steve Reich.

A lo largo del tiempo, Eno ha realizado instalaciones basadas en diapositivas, en videos, en cambios lumínicos… Acompañados por música realizada mediante relaciones mecánicas de varios magnetofones o más recientemente utilizando programas de ordenador como Koan.

El punto de confluencia entre los reinos visual y auditivo de que hablaba antes se da ahora en “77 MILLION PAINTINGS” gracias a la posibilidad de aplicar en lo visual programas autogenerativos como los que ya estaban disponibles en los años 90 para la música.

“77 Millones de Cuadros” (“y no todos buenos”, según ironizaba el propio Brian Eno) se presenta en dos sabores: una instalación que ya ha sido presentada en lugares como la Bienal de Venecia y posiblemente venga a España este mismo año 2007 y un DVD para uso casero. El funcionamiento de “77 Million Paintings”, muy transparente, es como sigue: se escanearon 300 imágenes realizadas por Eno que van de lo muy abstracto a lo muy concreto o lo muy psicodélico. Dichas imágenes se introdujeron como muestras en un programa que realiza lentas combinaciones de esos 300 elementos y se presentan como “cuadros dinámicos”. El usuario puede influir en la velocidad de los cambios y algún otro parámetro como intensidad de color o transparencias. Lo más probable es que nadie llegue a ver jamás esta obra en su totalidad, ni siquiera el artista que la generó, siendo esta una de las principales ideas rectoras de Eno.

La instalación resulta impresionante. Podemos especular mucho sobre el lugar del Arte en un nuevo milenio, pero Brian Eno ofrece una posibilidad práctica: dado que los nuevos televisores de gran formato y definición son planos, el antiguo papel tridimensional del televisor como un mueble más, ha desaparecido. Lo que ahora queda es un gran hueco negro en la pared, exactamente donde antes colgaba un cuadro, un grabado o una fotografía. La propuesta de Eno es utilizar ese plano vacío y sin función espacial como una suerte de “nuevo cuadro”. Podría tratarse simplemente de una sucesión de diapositivas, pero ”77 Million Paintings” trata de ir algo más allá, de utilizar las características propias de las nuevas pantallas y de su ya posible y en el futuro casi obligada unión con un “ordenador de salón”.

Este cambio de uso es simplemente un aldabonazo en una puerta que debe abrir nuevas posibilidades para el “home cinema”, unas que no se limitan a reproducir lo generado por el sistema industrial sino que pueden nutrirse de DVD’s como este o de contenidos visuales extraídos de Internet.

No es cine, no es cuadro, es… otra cosa. En la presentación de la PS3 de Sony como soporte de la creación artística digital, sus ejecutivos, sin tener la menor idea sobre esto de Brian Eno, definían sus televisores de alta resolución como algo que puede utilizarse como “nuevos cuadros”. Interesante…